Me duele el dedo índice. Consecuencia sintomática de un ratón de ordenador activo.
Por la mañana desperté con dolor de cabeza. Lo supe a las 2 de la mañana, a las 3, a las 4 y a las 6. Sí, supe que no podía dormir.
Le he pedido a un príncipe flamenco toneladas de pegamento. Para pegarme a la silla y escribir sin tener miedo.
No es sencillo desentrenar la mente para pensar que la seguridad del nido no sirve de nada si no persigues tus sueños.
Me dices que siempre tengo suerte. Todo sale bien. Pronto se olvidan las incertidumbres y todas las puertas equivocadas abiertas en el pasado.
Otra vez me vuelvo a entretener haciendo las maletas en la piscina. Elijo las camisetas en dos largos, me peleo con las sábanas en el décimo, la estantería, los libros y los cuadros pasados los cuarenta.
¿Cuántas veces me has preguntado qué quiero hacer hasta que al menos pude dejar de decir “no sé”?

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To the top

To the topCon casi 35 llevo muchas montañas escaladas. No sé muy bien de dónde viene esa afición por subir, bajar, serpentear, necesitar perder el norte y el sur, desatarme las botas y sentir la tierra bajo mis pies. Son muchas montañas, sola y acompañada, sencillas e imposibles.

En dulce recuerdo vuelvo al centro, a ese cerro donde de madrugada y en el atardecer escondía mensajes en un buzón. “Ahora tienes que subir a leer”. Y así, creíamos que nos enamorábamos, primero tú y luego yo.

Ahora que me voy a la planicie pienso en muros de caliza y granito. ¡Qué ironía! Paredes naranjas en aquel lugar donde, sí, allí, como todos los demás, también fui una expatriada. Los del norte y los del sur, los del ejque y los de las erres marcadas. Subiendo, respirando, riendo y soñando con aquel futuro que es hoy presente.

Tantas montañas escaladas sola, con cabezonería, buscando el agotamiento, llegar arriba y no querer ya pensar en nada más. Dejarme abrazar por el viento, volver y sentir que, en realidad, soy pequeña por dentro y grande por fuera, y que al final del día, no es tan importante y en realidad tampoco pasa nada.

Hoy siento que quizás esté en esa crisis de la frontera entre la juventud y la plenitud y que alguna montaña despistada se merece unas pisadas de liberación y recoger mi exhalación con un poco de calor. Tanto en todo que hoy necesito algo de aire y no hablar. Subir, mirar a mi alrededor y simplemente dejar que el tiempo pase. Recoger todo eso que es solo mío y quizás dejarlo en un buzón…

Entonces, tendréis que subir a leer.

Como cada día, el Dr. Fernández acudió a su consulta de oftalmología. Era uno de los médicos especializados en cataratas más prestigiosos del país, lo cual le aseguraba no solamente un buen nombre y un estatus económico, sino un futuro sin incertidumbre repleto de tranquilidad. Aquella mañana, su primera entrevista era con el señor Martínez. Ambos, médico y paciente se sentaron uno en frente del otro y se miraron a los ojos.
-Bueno, Dr. Fernández. Usted dirá, ¿cómo va todo?
-En fin…No sé por dónde empezar, no sé si se ha dado cuenta de que el brillo de mis ojos ya no es el mismo de siempre. Es algo extraño. ¿Usted sabe por qué podría ser?
-Bien, para empezar creo que deberíamos descartar cualquier causa fisiológica. Veamos, ¿come usted bien? Ya sabe que es importante consumir frutas y verduras frescas todos los días para mantener una buena visión ocular.
-Claro, claro. María se encarga de que todos los días coma un plato de verduras y no me deja salir de casa sin una pieza de fruta en el bolsillo, así que por eso no debemos preocuparnos…
-¡Pero Dr. Fernández! ¡Me está usted diciendo que no sabe cocinar y que a día de hoy sigue dejando su alimentación en manos de su mujer! Eso no es solo retrógrado sino que además es una falta de responsabilidad. Cada uno de nosotros tenemos que cuidar nuestra propia alimentación, además supongo que María hará otras muchas cosas y ciertamente, como ser humano, merece tener tiempo para ella misma.
-Pero bueno, ¡alguien tendrá que cuidar de la casa! Yo estoy todo el día aquí en la consulta. ¿No le parece justo que si yo me paso el día intentando descubrir el motivo de la falta de brillo en mis ojos, al menos alguien me cuide al final de la jornada?
-Y dígame Dr. Fernández, los ojos de María, ¿brillan?
-Sinceramente, para la hora a la que llego a casa no tengo mucho tiempo de fijarme. Casi siempre ceno solo, veo un poco las noticias y me acuesto.
-Claro, veo que no cenan juntos ustedes. ¿Qué le dicen el resto de pacientes al respecto?
-Pues verá señor Martínez, tengo varios diagnósticos. En la consulta de ayer con el señor Pérez, éste me dijo que quizás se trate de una falta de luz natural por pasar tantas horas en consulta. Me aconsejó salir a pasear a mediodía e intentar ir al monte los fines de semana. La señora García me dijo que me falta dulzor en la vida, que debería comer un trozo de pastel casero horneado con amor todos los días y el señor González cree que se debe a un hastío generalizado.
-¿No trabajaba con usted una enfermera? ¿Ella qué piensa?
-Bueno, para empezar me tiene un poco cansado así que no hablo mucho con ella. Estoy harto de que me diga siempre lo que tengo que hacer y de no poder siquiera organizar la agenda porque se va a tomar café y aquí hay muchísimo que hacer.
-Veo que ese tema le crispa un poco. Quizás debería decirle que se siente usted algo solo en este lugar y que necesita un poco más de compañerismo y empatía por su parte.
-Bueno, bueno, que eso son temas de trabajo y al final la que manda es la que manda, a ver si encima de perder el brillo me voy a quedar sin trabajo.
-¡Por Dios, no! Que eso no suceda ahora que vienen tiempos mejores y ahora hay demasiados trabajos. No es el mejor momento, que todo el mundo quiere cambiar y esta el mercado muy activo…Bien, centrémonos. Creo que puedo darle un diagnóstico para su falta de brillo. En primer lugar, creo que sus pacientes trabajan demasiado y que tantas consultas y diagnósticos le tienen un poco agotado. Piensa usted demasiado en sí mismo, y eso es muy solidario, pero quizás debería ser un poco más egoísta y escuchar a los demás. Hay muchas historias en el mundo que consiguen que a uno le brille hasta el alma. Por otro lado, el tema de María. Se siguen queriendo pero no se miran…No hay nada más triste que un amor perdido frente a la televisión. Quizás debería usted hacer todo lo que le dicen sus pacientes: comer un poquito de dulce, pasear y salir al monte, no pensar demasiado,  escuchar a sus propios pacientes y pasar tiempo con su mujer. Quizás debería usted intentar vivir la vida en vez de preguntar tanto sobre ella, ¿no cree? Usted mismo sabe lo que ocurre, tan solo tiene que aprender a escucharse un poco.
-Todo esto que dice es complicado, ¿no cree? Lo de escucharme ya me lo dijo un paciente con audífono. No sé, tengo bastante información de momento. Mire, de momento le cobro la consulta, que son 80€, me doy una vuelta y voy a ver si pongo todas estas ideas en su sitio. Muchísimas gracias y le volveré a llamar si tengo alguna duda.
-No hay de qué Dr. Fernández. Para cualquier cosa estoy a su disposición.

El Dr. Fernández se puso la cazadora y abandonó su consulta. Paseó al lado del río sintiendo el frío viento de enero en su cara y sonrió. Llegó a casa antes de la cena y se encontró a María en la cocina, llorando. La abrazó por la espalda y le besó el cuello, “te quiero”, le dijo.  Esa noche no cenaron, se abrazaron en la cama y se miraron sin luz, aunque tampoco hacía falta, bastaba con el brillo de sus miradas. 
Ropa, pelo, zapatillas, música, acción,descenso, libros acumulados, conocimiento, valores, nadar y montar, lectura infinita, valentía de viaje, risa y sonrisa, ojos grandes, voluntad y tesón, independencia o soledad, observadora, colores y palabras, imagen, momento, intensidad, obsesión, adaptación, folk, moratón, ingenio cabezón, cintura y cadera, piel morena, dibujos sobre duna, miedos y autoestima, dormilona insomne, ansiedad de almendra.

Yo

Puedo ser sorda y ciega, no leer y no escribir, sin bici ni ascensión, con cintura y montes en mis pechos, anacardos por almendras, piel de biblioteca, segura por soberbia, madre de barrio, lectora de revista, ausente y presente en la cercanía, pelo corto, carcajada, la chica del flequillo.

Yo

No soy mi pelo ni mi mirada, no soy mis ojos, ni mi cintura. No soy mi bici, ni mi cocina, no soy la valentía, ni el idioma. No soy la ávida lectora, ni el ingenio tras la piel de aquel abrazo. No soy la que tiene miedo al salto en parado, ni la que se lanza al vacío sin arnés tan solo con los ojos cerrados.

Yo

 Creadora de trayectos, experimentadora de creación. Sonrisa y ojos que miran, piel que abrasa, Hoy escribo, en la mañana no existo, por la noche te abrazo.  Ingeniera de muros y defensas, escaladora de las murallas más bellas. Mirar mi dedo en tu cara y al mismo tiempo tocarme el pelo. Anexos e instrumentos.

Yo

Una bolita de energía envuelta en adjetivos variables. Yo soy la que traduce a 1-0-1-0-1 impulsos energéticos.

Electricidad que cambia de voltaje.

Instrucciones para comunicarse con un ser humano

Aprende idiomas y aprende el lenguaje del ser humano. Mezcla todas las palabras que te suenen bellas y combínalas con tu propia lengua, esa que te enseñó tu madre, esa que quizás te hizo sentir bien cuando las palabras, en música, dijeron te quiero. 

No tengas miedo a soltarte, no tengas miedo a pronunciar, aunque suene mal, aunque las palabras salgan del revés. Es bueno que tu garganta y tu boca digan también de dónde eres. La vida da mil vueltas y en esta vida hay idiomas de todo tipo. Existen lenguajes tímidos que se descubren con el respeto y la confianza, lenguajes compartidos en los que las palabras se entrelazan con los dedos y existen también lenguajes ocultos que  no sabemos ver o que quizás no queremos entender.

Siéntete libre para experimentar el sonido y la creación. Saluda en un idioma y viaja por mil países en tan solo una mañana. Descubre y perfecciona el lenguaje de la mirada, los acentos de las caricias y las exclamaciones de la vida. Invéntate tu propio idioma y úsalo cuando te de la real gana. 

Sin límites y sin fronteras, crea un gran atlas de tu experiencia humana.

Hegoak

Eta txoria maite nuen
A veces las alas se me pegan al pecho, me esfuerzo por soltarlas, dejarlas libres para que sueñen en libertad y amen  lejos y sin límites. Mirar por encima de la vida y aterrizar en un pequeño refugio en el que poder descansar.
A veces las alas no quieren dejar de volar, aunque la lluvia y el mal tiempo las vuelva lentas y pesadas, se empeñan en seguir arriba. Hay algo demasiado bello en permitir que el aire y la vida te muevan allá donde quieran, cerrar los ojos y tan solo volar.
A veces tengo miedo de perder la perspectiva por mirar siempre desde tan alto, pero es que creo que en el suelo me tropiezo. Hay tantas piedras y raíces, agujeros y hojas que esconden entresijos de este mundo. Caminos que se repiten y que siempre me llevan al mismo sitio.
Con estas alas veo, entiendo y conozco. Te puedo ver desde aquí, aunque estés lejos. Se llama, dicen, vista de pájaro.

Encuentros en giro

16 de julio de 2015
Esta es la Asia con la que siempre sueño, la del momento presente, la de los olores fuertes, aquella que me hace sentir el color, la vida, sonreír y soñar con budhas. Tierra de contrastes, chabolas con basura acumulada, centros comerciales de lujo, baños sin cisterna, wifi libre. Venir, estar y volver. Observarme en este presente continuo más intenso, duro y divertido que cualquier otro día de mi vida. Decisiones en segundos, fluir y no pretender hacer. Mostrarme tal cual soy, sin pensar. No hay compromiso, estamos juntos pero mañana vuelvo a casa.
Un viaje distinto, sin momentos oscuros, infinitas posibilidades, que te conocí por torcer a la izquierda y no a la derecha. Despedidas en las que quise decir “hasta siempre”  y nos volvíamos a encontrar desayunando en la puerta de un 7/11. El norte de Tailandia y su Bhuda blanco. Chiang Rai en moto y un brillante sol de despedida en un rascacielos  de Bangkok.
Todo se mueve pero no da tiempo a pensar. Mi casa queda lejos, cada día exige estar aquí, pensar, caminar, perderse y seguir sin necesidad de encontrar. Lejos queda aquella última noche en la que me dormí esperando, aquella noche que volverá y será, aquella noche que dejé sin terminar.
Ahora me dirijo al sur, rumbo a Koh Phangan. Volvería a nuestro norte, tierra de dialectos, de monjes. Volvería a comer abrazada a un perfecto silencio  en la frontera de Myanmar, volvería a girar a la izquierda en vez de a la derecha porque la aventura de viajar es la experiencia, el recuerdo y la distancia adornando la emoción.