En los túneles de Bruselas

Revoloteando en esta primavera que no se atrave a venir del todo.
Cada día un poquito más allá, un poquito menos aquí.
Pierdo la señal de GPS, siempre esa salida, Basilique, derecha y ya.
Aquí y aún más lejos, estando sin estar en esto y en lo otro y no sé siquiera en qué otro lugar más.
Mientras tanto, los días pasan, así sin más.
Voy reptando entre tráfico, curvas, lluvia y un cristal que hace tiempo debí limpiar.
Con curiosidad, observo este giro del francés que me hace cosquillas en la oreja.
Un susurro que serpentea, que pone un dedo en la herida, prometiendo no destaparla jamás.
Una mañana de lluvia, buscando cajas en los anticuarios de la ciudad.
Tiene que ser grande, tiene que ser hermética, tiene que ser bella, como lo fueron muchas cosas en este lugar.
Hoy lavo los platos con este jabón de espuma y añoranza.
Afuera llueve, pero solo a ratos, y así es la vida en este país, en la ciudad y en los túneles.
Todo a ratos y a destiempos, a sí y a no, a mucho y a poco, a todo o nada.

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