Volando. Mi vida en stand by

6 de Julio de 2015

A casi nadie le gusta volar. Trasladarse al otro lado del mundo en avión supone muchas horas sentado, largas esperas en aeropuertos y sobretodo estar desconectado de la tierra. Por eso, para mí, volar es un refugio, siempre lo ha sido. Me encanta la sensación de sentirme en tierra de nadie, no poder llamar, ni enviar un mensaje de whatsup, dormir y dejar toda mi vida muy lejos, allí abajo. Las escalas son momentos perfectos para simplemente estar. Te puedes tumbar en el suelo del aeropuerto, dormir abrazado a tu mochila, maquillarte todas las veces que quieras en las tiendas de duty free y caminar por los mismos pasillos una y otra vez. Hay gente que conoce a mucha gente en los aeropuertos aunque mi experiencia es que siempre estoy en mi mundo, escuchando música, leyendo, escribiendo, pensando en cómo será todo en mi destino o simplemente durmiendo con las piernas apoyadas en la pared para mejorar la circulación de mis piernas. 

Los vuelos hasta Singapur fueron mejor de lo que pensaba. Tengo la gran suerte de que para mí el ruido de los motores del avión son un gran narcótico y tengo que realizar grandes esfuerzos para poder mantenerme despierta en el avión así que siempre me pierdo todas las películas, programas e incluso las posibles conversaciones con otros pasajeros. Cuando llegué a Singapur tenía otra escala y después una conexión en vuelo doméstico hasta Bangkok. Las 5 horas de espera fueron tranquilas y cuando por fin subí a mi otro avión con mi mochila me encontraba ya más cerca de mi destino. Tenía ganas de llegar y sentir el calor y los olores de Asia nada más salir del aeropuerto. Mientras pensaba en todo esto de repente subieron al avión dos oficiales de inmigración que se dirigían directamente a mí. Por lo visto, a pesar de estar en tránsito, tenía que haber pasado por inmigración en Singapur antes de conectar con mi vuelo a Bangkok. La situación era extraña porque era demasiado tarde para salir del avión y tampoco me daban ninguna opción, tan solo me decían que afortunadamente con un pasaporte español no debería tener ningún problema aunque existía la posibilidad de que Tailandia me negara la entrada en el país. Las dos horas de vuelo fueron de tensión y cuando me aproximé a inmigración en Bangkok me sentía como Tom Hanks en la película de Terminal. ¿Me quedaría estancada en el aeropuerto de Bangkok por un fallo burocrático? Es la primera vez que no me topo con un control de seguridad entre un vuelo internacional y uno doméstico y no entendía cómo había conseguido permanecer tanto tiempo en Singapur dando vueltas sin toparme con uno. Finalmente todo quedó en un pequeño susto. Inmigración de Tailandia selló mi pasaporte sin tan siquiera mirarme a la cara. Después de 25h y un sobrecargo en el precio del taxi hasta mi hostal, ya me encontraba en Bangkok libre para comenzar un largo viaje.
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