Nadie te encontrará

Olvida ese hombro derecho, el que se esconde tras un laberinto. Olvida el color ámbar, la miel de la mañana. Mi sitio en tu cocina , ahora miras al vacío donde antes ignorabas mis labios agrietados.  La cadera bloqueada, porque quieres venir y te vas, cinética interrumpida. 
Hace tiempo compré almendras para vivir una sed distinta. Me senté a esperar, comí nerviosa, me atraganté de ti, te fui a buscar pero no te pude encontrar. Nadie te encontrará.
Seguí comiendo almendras por inercia, por costumbre, esperando transformar el recuerdo sediento y observando más allá de tu ventana. 
Allí fuera hay agua. Yo salí. A mí, al menos, me encontraron.

“¿No crees que a veces es posible que las personas se den cuenta de que lo que hasta entonces creían que era un hecho desgraciado en su vida, en realidad era lo mejor que les podía haber pasado, si supieran cuál era la alternativa?”
Nadie te encontrará, Chevy Stevens

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